Por recordarte, podría recordarte la hora a la que solías llamarme, también las
que solíamos hablar mediante el ordenador, la hora a la que salías del instituto, también a la que comías. Recordarte que después de cada conversación solía haber un beso, o un te quiero, nunca muy exagerado, para que la magia no se escapara enseguida.
Recordarte la ropa que llevabas tú el día que te conocí... y también la que llevaba yo, recordarte hasta la música que sonaba en nuestro primer beso. Mencionarte las cosas que te gustaban y las que no lo hacían, es más, las que odiabas. Donde solías pasar tus tardes, tu verano, tus vacaciones, tu vida en general...
Recordar también, la última vez que tevi, fumando en tu valcón, nunca me olvidaré de ese día. Decidí no acercarme, tomar precauciones para no pasarlo mal, pero acabar pasándolo de todas formas... Y recordar una y otra vez a ti, guiñándome el ojo... y yo desquiciada perdida porque “el niño del sombrero negro” estaba fijándose en mí. Te recuerdo la primera vez que te vi, tu entrando por la puerta del hotel, impresionantemente perfecto. Ahora te recuerdo la primera vez que me viste tú a mí, dándole patadas a una máquina, porque mi juguetito se había quedado atrancado, sí, ridículo.
Recordarte el primer día que hablamos por telefono, y la primera vez que tras mucho tiempo dándole vueltas, te dije te quiero y la última vez que tú, decidiste no hacerlo.
No todos fueron buenos momentos, pero aún así, no me arrepiento. Recuerdo las tardes enteras sin darme concentrado. La cantidad de iniciales sobre las esquinas de las últimas páginas de mis libretas, incluso en la muñeca, o en los calendarios. Recuerdo los kilómetros que debí de recorrer mientras hablábamos por teléfono, dándole vueltas a la habitación.
Pocas cosas malas podría recordarte ahora... quizás entre esas pocas, se encuentre el motivo del porqué acabó todo. Digamos que no fue demasiado agradable, tampoco lo fueron los días en los que te echaba de menos. No, para nada, me atrevo a decir que fueron de los peores. Te recuerdo, que cada uno de los días que miraba tu foto, me preguntaba “¿y dónde estará ahora? ¿se acordará el tanto de mí, como yo me acuerdo de él?”... pero es que ahora se está haciendo tarde, a cada segundo que pasa. Y ni tu, ni yo, ni nadie, está ahí para ayudarme a remediarlo.
Y por último, recordarte mi mala memoria, y que pese a eso, recuerdo cada palabra de cada conversación que mantuvimos, recuerdo tu letra, tu voz, tu mirada, tu facilidad de convencerme, de apreciarme, esa forma que tenías de andar, y la forma de decir las cosas... sí, admito que era perfecta, sé que todo esto me aportaba una seguridad infinita, que hace tiempo desapareció... te la llevaste contigo, no volviste y no he vuelto a saber de ella.
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